The sun's corona is a tenuous outer atmosphere composed of streams of energetic charged particles, but it is only easily seen from Earth during a total solar eclipse. For example, this 1991 image of totality from atop Mauna Kea, Hawaii forms a fleeting snapshot of the mysterious corona's beautiful, intricate structures and streams. However in space, instruments can use occulting disks to simulate eclipses and more readily monitor the corona beyond the sun's edge. Combined observations from the space-based SOHO UCVS and shuttle-borne Spartan 201 experiments have recently contributed to a major advance in understanding the high-speed component of the wind of particles in the corona. They reveal evidence for magnetic waves within the corona itself that push solar wind particles along, like an ocean wave gives a surfer a ride. Surprisingly, heavier charged particles can surf the magnetic waves faster - oxygen ions were found to achieve speeds of up to 500 miles per second, faster than the lighter hydrogen ions which make up most of the solar wind.

La corona solar es una tenue atmósfera exterior compuesta por corrientes de partículas cargadas de alta energía, pero solo puede observarse fácilmente desde la Tierra durante un eclipse solar total. Por ejemplo, esta imagen de 1991 de la totalidad desde la cima del Mauna Kea, Hawái, constituye un fugaz registro de las bellas e intrincadas estructuras y corrientes de la misteriosa corona. Sin embargo, en el espacio, los instrumentos pueden utilizar discos ocultadores para simular eclipses y monitorear con mayor facilidad la corona más allá del borde solar. Observaciones combinadas de los experimentos espaciales SOHO UVCS y el Spartan 201, transportado en el transbordador, han contribuido recientemente a un avance importante en la comprensión del componente de alta velocidad del viento de partículas en la corona. Estas observaciones revelan evidencia de ondas magnéticas dentro de la propia corona que impulsan las partículas del viento solar, de manera similar a como una ola oceánica lleva a un surfista. Sorprendentemente, las partículas cargadas más pesadas pueden surfear las ondas magnéticas a mayor velocidad: se encontró que los iones de oxígeno alcanzan velocidades de hasta 800 kilómetros por segundo, más rápido que los iones de hidrógeno más ligeros, que constituyen la mayor parte del viento solar.