El 7 de diciembre de 1995, la sonda de descenso de la nave espacial Galileo ingresó en la atmósfera de Júpiter a una velocidad de aproximadamente 106,000 millas por hora (47 kilómetros por segundo), sobreviviendo temperaturas extremas y presiones durante casi una hora antes de dejar de transmitir. Esta ilustración muestra la sonda durante su descenso atmosférico, suspendida de un paracaídas diseñado para reducir su velocidad a unas 25 millas por hora para las mediciones científicas. La sonda de 750 libras (340 kilogramos) transportaba instrumentos para analizar la composición, temperatura, presión y densidad de la atmósfera joviana, así como sus vientos y rayos. Los datos de la sonda revelaron que la atmósfera superior de Júpiter era más caliente y menos densa de lo esperado, con vientos más fuertes de lo predicho y con menos agua y helio de lo anticipado. La misión Galileo, que incluía tanto la sonda como la nave orbital, fue la primera en estudiar Júpiter y sus lunas desde una órbita durante un período prolongado, transformando nuestra comprensión del sistema joviano.