Late last month another erupting filament lifted off the active solar surface and blasted this enormous bubble of magnetic plasma into space. Direct light from the sun is blocked in this picture of the event with the sun's relative position and size indicated by a white half circle at bottom center. The field of view extends 2 million kilometers or more from the solar surface. While hints of these explosive events, called coronal mass ejections or CMEs, were discovered by spacecraft in the early 70s this dramatic image is part of a detailed record of this CME's development from the presently operating SOlar and Heliospheric Observatory (SOHO) spacecraft. Near the minimum of the solar activity cycle CMEs occur about once a week, but as we approach solar maximum rates of two or more per day are anticipated. Though this CME was clearly not headed for Earth, strong CMEs are seen to profoundly influence space weather, and those directed toward our planet and can have serious effects.

A finales del mes pasado, otro filamento en erupción se elevó desde la activa superficie solar y proyectó esta enorme burbuja de plasma magnético hacia el espacio. La luz directa del Sol está bloqueada en esta imagen del evento, y la posición y tamaño relativos del Sol se indican mediante un semicírculo blanco en la parte inferior central. El campo de visión se extiende 2 millones de kilómetros o más desde la superficie solar. Aunque los indicios de estos fenómenos explosivos, denominados eyecciones de masa coronal o CMEs (por sus siglas en inglés), fueron descubiertos por naves espaciales a principios de los años 70, esta dramática imagen forma parte del registro detallado del desarrollo de esta CME obtenido por el observatorio espacial SOlar and Heliospheric Observatory (SOHO), actualmente en operación. Cerca del mínimo del ciclo de actividad solar, las CMEs ocurren aproximadamente una vez por semana, pero a medida que nos aproximamos al máximo solar, se prevén tasas de dos o más por día. Aunque esta CME claramente no se dirigía hacia la Tierra, se ha comprobado que las CMEs intensas influyen profundamente en el clima espacial, y aquellas dirigidas hacia nuestro planeta pueden tener efectos graves.