Can our Sun become dangerous? Yes, sometimes. Every few years our Sun ejects a scary-large bubble of hot gas into the Solar System. Every hundred years or so, when the timing, location, and magnetic field connections are just right, such a Coronal Mass Ejection (CME) will hit the Earth. When this happens, the Earth not only experiences dramatic auroras, but its magnetic field gets quickly pushed back and compressed, which causes electric grids to surge. Some of these surges could be dangerous, affecting satellites and knocking out power grids -- which can take months to fix. Just such a storm -- called the Carrington Event -- occurred in 1859 and caused telegraph wires to spark. A similar CME passed near the Earth in 2012, and the featured animated video shows a computer model of what might have happened if it had been a direct hit. In this model, the Earth's magnetopause becomes so compressed that it went inside the orbit of geosynchronous communication satellites.

¿Puede nuestro Sol volverse peligroso? Sí, a veces. Cada pocos años, nuestro Sol expulsa una burbuja de gas caliente de tamaño aterrador hacia el Sistema Solar. Cada cien años o así, cuando la hora, la ubicación y las conexiones de los campos magnéticos son precisas, una Eyección de Masa Coronal (CME, por sus siglas en inglés) impactará la Tierra. Cuando esto ocurre, la Tierra no solo experimenta auroras espectaculares, sino que su campo magnético se empuja rápidamente hacia atrás y se comprime, lo que provoca sobretensiones en las redes eléctricas. Algunas de estas sobretensiones podrían ser peligrosas, afectando satélites y cortando redes eléctricas, lo que podría tardar meses en solucionarse. Justamente una tormenta de este tipo, llamada el Evento Carrington, ocurrió en 1859 y causó que los cables de telégrafo chispearan. Una CME similar pasó cerca de la Tierra en 2012, y el video animado destacado muestra un modelo computacional de lo que podría haber ocurrido si hubiera sido un impacto directo. En este modelo, la magnetopausa terrestre se comprime tanto que entra dentro de la órbita de los satélites de comunicación geoestacionarios.